03 | Arte Audiovisual; La seducción del movimiento

Juny 12, 2021

La seducción del movimiento

El vídeo es el formato audiovisual por excelencia en nuestra sociedad: el que mejor encaja con el mundo de hoy y el que mejor sabe seducir gracias a productores llenos de creatividad. ¡Es una inagotable fuente de emociones!

¿Cuál es su secreto? Probablemente, el hecho de reflejar como ningún otro medio la vida misma. No exageramos al decir que los equipos de grabación consiguen uno de esos sueños que se creían inalcanzables: registrar todo lo que pasa a nuestro alrededor e inmortalizarlo para volver a ello tantas veces como haga falta.

En realidad, poco diferencia a una cámara y a una cabeza humana. La primera emplea el objetivo para mirar y una tarjeta de memoria para almacenar las imágenes que pasan por él. Y la segunda emplea los ojos y la mente con la misma función… con el inconveniente de que los GB de nuestro cerebro son finitos.

Y aunque nuestro cerebro procesa las imágenes principalmente en formato documental o periodístico, sin filtros, también retiene o modifica algunas secuencias de forma idealizada, como si de un videoclip, un timelapse o un slow motion se tratara. Por ello, las creaciones audiovisuales más efectivas son las que consiguen tocar esa tecla mágica en nuestra mente.

Imagen en movimiento, toda una revolución

La mayor revolución de la comunicación audiovisual la ha protagonizado, sin duda, la imagen en movimiento. Ya mostró su enorme capacidad de sugestión desde sus orígenes, cuando los hermanos Lumière proyectaron en una sala la filmación de un tren que se acercaba a la estación La Ciotat. ¡Los espectadores creían que se abalanzaba hacia ellos!

Su lenguaje audiovisual suponía una revolución que se fue perfeccionando por medio del cine y la televisión, especialmente cuando se introdujo el color en ambos. Y llegó incluso a alcanzar la categoría de arte gracias al videoart, que tuvo su época más álgida en los años 60 y 70.

Sus tentáculos se extendían a tal velocidad que muchos lo concibieron como el fin para los otros formatos, aparentemente menos versátiles y efectivos. Sirva de ejemplo el famoso tema Video killed the radio star de The Buggles.

Pero por suerte, el grupo británico se equivocaba con su predicción: el vídeo ha sabido integrar en su propio lenguaje el de otros formatos, que también han sabido encontrar su sitio. Ni la pintura fue asesinada por la fotografía, ni ésta por el cine, ni el cine por la televisión, ni la televisión por Internet… Todo tiene su hueco. ¡La clave está en encontrarlo!

Ahora bien: el hueco que ocupa el video en nuestros días es enorme. La ‘culpa’ la tienen esos dispositivos que ya todo el mundo lleva en el bolsillo: las cámaras de los smartphones son tan sofisticadas que nada tienen que envidiar a una réflex analógica y, menos menos, a una Kodak de 8 mm.

El márketing, seducción de clientes

Pero si hay algo que confirma el éxito de este lenguaje audiovisual, esa es la acogida por parte del mundo del marketing. Si un negocio pone sus ojos en este formato, es porque resulta efectivo para contar historias, para convencer y, a fin de cuentas, para obtener beneficio corporativo o comercial.

Y no sólo por medio del clásico anuncio publicitario. En los últimos tiempos han surgido otros muchos formatos, con importantes diferencias entre sí, cada uno orientado a un objetivo distinto o a un nicho de público concreto.

Un buen ejemplo de ello son los fashion films, capaces de integrar lo mejor de un making of, una sesión fotográfica y un desfile de moda. Otro ejemplo es el unboxing, ese formato en el que se graba un video de producto mientras se abre su paquete. Es sencillo y útil para tiendas online y clientes, que conocen de esta manera lo que esconde la caja. ¡Libre de emociones pero lleno de practicidad!

Justo al contrario que el storytelling, que cuenta historias que tocan el corazón… y el bolsillo, pues es capaz de generar ventas. También la comunicación interna ha encontrado el beneficio de una buena producción de vídeo, por ejemplo con el formato lipdub, que arrasa desde Barcelona hasta el otro extremo del mundo. Y lo mejor es que el precio del video corporativo en estos casos es muy bajo. ¡Sólo hace falta una buena dosis de ingenio y creatividad!

Y es que los vídeos son más que una simple sucesión de imágenes. Son pequeñas obras de arte que consiguen seducir mejor que cualquier otro medio al espectador, especialmente si se emplean con acierto otros elementos de la comunicación audiovisual, como la música, la fotografía, el vestuario o los efectos de post producción.

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